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ADAPTACIÓN DEL EDIFICIO EL REY CHICO A CENTRO ANDALUZ DE FORMACIÓN DE ARTES ESCÉNICAS Y CENTRO MUNICIPAL DE ARTE JOVEN.

GRANADA. 2001.

A la lectura del contexto como un lugar cualificado fundamentalmente por la topografía y la vegetación, se podría añadir que, en su encuentro con el río Darro, la ladera de colina del Generalife viene cualificada así mismo por la disposición de un conjunto pequeñas arquitecturas domésticas, blancas, de organización fragmentaria y azarosa, estructuradas por la geometría de la topografía y los muros de contención que producen las plataformas sobre los que se asientan.

En ellas la relación entre lo construido y lo vegetal, entre el muro (blanco o terroso) y el jardín (o el huerto) sigue siendo primordial, como sucede en las laderas próximas de Almanzora o el Albaycín y, en otro orden, en la propia Alhambra.

De esta lectura compleja del lugar cabria extraer los argumentos para establecer una nueva relación más rica y matizada del edificio con su contexto. Los nuevos usos del edificio, con una mayor flexibilidad en cuanto a las intervenciones posibles, así lo permiten.

Se propone entonces un nuevo entendimiento de la arquitectura del edificio más complejo en su forma y en su imagen, sin perder por ello la vocación de coherencia, unidad y abstracción, haciéndose así más sensible a aquellos elementos más frágiles y sutiles de su contexto.

Una primera operación fundamental del proyecto tiene que ver con las cubiertas. Liberadas de la necesidad de su uso intensivo como terraza de verano, se posibilita entonces una intervención, que transforme las terrazas en verdaderas cubiertas ajardinadas.

Esta cubierta ajardinada está proyectada con un concepto que reinterpreta la idea de huerto-jardín que podemos reconocer en las patatas cultivadas entre la Alhambra y el Generalife, asi como en los jardines y huertas existentes en la ladera bajo la que se encuentra el edificio. 

Se concibe como un tapiz vegetal de forma y coloración cambiante a lo largo de las estaciones en función de las especies y épocas de floración. Se piensa en la utilización de especies de gran resistencia y bajo mantenimiento: plantas aromáticas del tipo de los romeros, tomillos o lavandas, tapizantes de los tipos sedums, echeverias o grassulas, pequeños frutales, granado o prunus, arboles de bajo porte, como el júpiter y algunos cipreses. 

En este huerto-jardín se dilimitan recintos con muros bajos que evocan las cercanas arquitecturas de muros y tapias blancas. Se consigue así fragmentar la percepción de las cubiertas y de la arquitectura del propio edificio. 

En la nueva terraza creada en planta primera se proyecta un nuevo parterre con fondo suficiente para el enraizamiento de cipreses, glicinias y otras especies menores que recoge en sus limites los ecos de los quiebros de la cubierta superior. Se instrumenta así en este nivel la estrategia de fraccionamiento visual tanto desde las visiones altas y lejanas por la presencia en planta del propio parterre como en las visiones frontales en donde la vegetación desde este nivel recuperará la imagen de jardines aterrazados y que, con su presencia vertical, matizará y articulara la dimensión horizontal de la edificación posterior.

Esta visualización frontal del edificio ha sido objeto de una cuidadosa atención. Varias operaciones proyectuales tienen que ver con un entendimiento del edificio coherente con la lectura del contexto que al comienzo se explicó.

Por una parte se propone una articulación del edificio en dos piezas una con carácter de zócalo en planta baja que mantendrá un tono terroso -matizando mediante patinado del color actual de la fábrica de ladrillo- que se asimila a los muros de contención de las plataformas de la ladera y tapias del recinto de la Alhambra. 

Otra pieza trabada con la anterior la compone el lateral Este y la planta primera cuyas fabricas tendrán color blanco y que visualmente establecerá una nueva relación de continuidad con las arquitecturas blancas que trepan la ladera. Sobre esta pieza superior se realizan diferentes  operaciones con vistas a reconsiderar la proporción, acercándola a la más menuda y fragmentada de las arquitecturas cercanas. 

Los muros blancos de altura cambiante que delimitan los parterres de la cubierta ajardinada, el paño de muro blanco en el que finaliza el frente de planta primera asi como los sucesivos quibros de los muros, con la incorporación de la liviana escalera de subida a la cubierta superior, son algunas operaciones fundamentales mediante las cuales se consigue esta nueva lectura visual del edificio.